jueves, 16 de febrero de 2012

Ladrones no logran vender cuadro de Magritte y lo devuelven

Había sido robada en 2009 por dos hombres que ingresaron armados a la casa donde residía el artista en la ciudad belga de Jette, que fue transformada en museo.




Una obra del artista surrealista belga René Magritte, robada dos años atrás, fue devuelta luego de que los ladrones fracasaran en su intento de encontrar un comprador en el mercado negro, informó hoy (viernes 6) el museo René Magritte de Bruselas.

La obra, titulada "Olympia", un desnudo de su mujer Georgette sobre un fondo de un paisaje costero, valorada entre tres y cuatro millones de euros, fue robada en 2009 por dos hombres que ingresaron armados con una pistola a la casa donde residía el artista en Jette, que fue transformada en museo.

Poco más de dos años después, un hombre llamó a un experto en arte y ofreció devolverla, indicó el restaurador del museo, André Garitte. "Finalmente se dieron cuenta que no podían vender la obra ya que era demasiado conocida" explicó.

"La pintura se había convertido en un problema para ellos y prefirieron desembarazarse de ella. Al menos, felizmente, no la destruyeron".

El museo, que recuperó la obra, no decidió qué hará con ella y la investigación sobre el robo continúa, precisó Garitte.

"Olympia", un cuadro de 60 por 80 centímetros, fue pintado por Magritte en 1948. El toque surrealista del cuadro, a su vez de corte clásico, está dado por la presencia de una concha -que tal vez simboliza el mundo subterráneo o el inconsciente- sobre el vientre de la mujer.

Nacido en Hainaut, al oeste de Bélgica, en 1898 y muerto en Bruselas en 1967, Magritte es uno de los artistas más influyentes del siglo XX.

Su "Esto no es una pipa", con el dibujo de una... pipa, o sus hombres en traje con sombrero flotando se han convertido en íconos en el mundo entero.

El artista prefería no obstante la vida simple de la ciudad belga de Jette, al lado de Georgette y de su perro, a la más rimbombante de París.

Eso, además de sus constantes enfrentamientos con el considerado padre del surrealismo André Breton, explica que regresara a su casa de la calle Esseghem, de donde fue robado el cuadro. Es en ese sitio donde Magritte pintó casi la mitad de su obra.

Aunque cada vez más difíciles de vender, los ladrones de arte intentan revender los cuadros en el mercado negro o pedir dinero por ellos a las compañías de seguros o al Estado.

Uno de los robos más sonados fue el protagonizado el 22 de agosto de 2004 por dos hombres armados y encapuchados que irrumpieron a la luz del día en el museo Munch de Oslo y se llevaron el "Grito" y "La Madonna", del pintor noruego Edvard Munch.

Las dos obras fueron halladas el 31 de octubre de 2006 en circunstancias que siguen siendo misteriosas y sus autores fueron condenados.

Publicado en www.gacetamercantil.com el 6 de Enero de 2012

Paul Gaugin, el hombre que pintó el paraíso

Marino y agente de bolsa exitoso, un día conoció a unos pintores impresionistas y su vida cambió para siempre. Su búsqueda interna lo llevó a extender los límites del color y de la imaginación.


La vida de Paul Gauguin estuvo signada por la búsqueda, respondiendo a sus inquietudes internas: primero quiso conocer el mundo, y siendo casi un adolescente se embarcó y recorrió los mares en la marina mercante. Luego, se alistó en la Armada francesa, con lo cual siguió su vida de recorrida por los puertos de varios continentes. Sintió la necesidad de establecerse y regresó a París, en 1870, donde trabajo con éxito como agente de bolsa, conoció a una joven danesa, Mette Gad, a la que apodó "la Vikinga" y con quien tuvo cinco hijos. Llevaba una vida burguesa, de confort y comodidad. Su amigo Gustave Arosa, hombre de negocios como él y amante del arte, es quien le presenta a varios pintores impresionistas y comienza una etapa como coleccionista. La visita a los talleres y las largas charlas sobre arte despiertan una vocación en este joven empresario, que toma sus primeras clases de dibujo y pintura.

Cuando la bolsas se desploman en 1882 y se queda sin trabajo, decide dar uno de los tantos giros en su vida y se dedica de lleno a la pintura. Sin un centavo en el bolsillo se traslada a Copenhague en busca de la ayuda de su familia política, que no ve con buenos ojos la decisión de Gauguin de ser artista. Después de varias peleas, decide volverse solo a París, dejando a su esposa e hijos a cargo de su suegro.

La amistad con el artista Camille Pissarro lo lleva a trasladarse a la ciudad de Rouan, en Normandía, pero, respondiendo a una invitación de su cuñado y con la promesa de un trabajo, viaja a Panamá, donde labora como obrero en la construcción del Canal (la mano de obra era mayoritariamente francesa). En sus pocos ratos libres pintaba, aunque el paisaje no le resultaba muy atractivo. El clima y las enfermedades tropicales mellan su salud y cuando se recupera viaja a la isla Martinica, viaje fundamental para la pintura de Gauguin y el momento en que a sus cuadros los invade el color y la exuberancia primitiva, lo que le permite abrir su mente llena de prejuicios. Debilitado y sin saber aún que se había contagiado sífilis por sus frecuentes visitas a los prostíbulos, vuelve a Francia, donde es invitado por Theo Van Gogh a exponer en su galería y conoce a Vincent, con quien traba amistad y se muda al pueblo de Arlés.

Después de una estadía tormentosa por el maltrato verbal y físico que de manera cotidiana se propinaban ambos pintores, de carácter irascible y algo trastornados por el alcohol (el famoso episodio del corte de la oreja de Vincent ocurrió mientras Gauguin vivía con él), Gauguin busca un entorno primitivo, tratando de encontrar en él al artista salvaje que suponía que tenía latente.

A Gauguin, la observación y representación de la luz de los impresionistas no lo convencen demasiado, él busca a través de sus obras simbolismos y alegorías como se hace en la literatura. Y cree que su mayor expresividad la alcanzaría fuera de la cultura europea. En la búsqueda de su estilo renuncia a representar los colores al natural y opta por colores arbitrarios, que responden a sus recuerdos y a sus sentimientos. Ve con admiración el arte indígena, el arte de la Edad Media y algo de las estampas japonesas, influenciado por Van Gogh. Todo forma parte del proceso autodidacta del artista, pero siempre apuntando a la expresividad que, para él, era lo más importante a transmitir desde el arte: la expresión como una puerta que permite el ingreso a otro nivel de realidad, algo que no es ni real ni imaginario, sino que se nutre de ambos.

Esta idea de plasmar el carácter de las cosas y no su mera representación es una de las bases del sintetismo, que fue un estilo ejecutado por un grupo de pintores llamado Grupo de Nabis. También, su estilo influyó en los pintores fauvistas y expresionistas.

Enfermo, Gauguin se dirige a la Polinesia en 1891 con apenas un poco de dinero producto de las ventas en su última muestra y una pequeña herencia de un tío, y se establece en Tahití.

Las características esenciales de su pintura, en la que sigue usando grandes superficies de colores vivos, no cambian demasiado, aunque hace más simples sus composiciones. De este período saldrán las mejores obras, tanto en pintura como en las esculturas talladas en madera. Allí convive con una nativa de no más de 13 años, que será su modelo en muchas obras, y regresa a una vida sexualmente promiscua.

Debido a su mal estado de salud decide ponerle fin a su vida e intenta suicidarse con arsénico, pero no lo logra. Finalmente, muere en 1903 en la mayor de las miserias a causa de un derrame cerebral. Antes realiza su obra más importante: "¿Qué somos? ¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos?", preguntas que sin duda atravesaron su existencia y que lo empujaron a su inagotable búsqueda del paraíso en la tierra.

Nota publicada el 20 de Diciembre de 2011 en www.gacetamercantil.com

100 años del Salón Nacional en el Palais de Glace

Considerado el concurso más importante de las artes plásticas en nuestro país, el Salón Nacional cumplió 100 años. Se trata de un espacio de legitimación para artistas y una de las piezas fundamentales del Estado para promover la producción artística a nivel nacional.


El panorama artístico se concentra en el Salón, que premia las categorías pintura, grabado, dibujo, fotografía, arte textil, arte cerámico, escultura y nuevos soportes e instalaciones.

La muestra, hasta enero, presenta los trabajos premiados y los seleccionados de las disciplinas cerámica, grabado y arte textil. Rico en variedad de soportes por las disciplinas, especialmente en cerámica y textil, que año a año se presentan, se respeta aquí la categoría para cual se inscribió el artista ya que muchas veces los materiales elegidos comparten la manera de tratar el espacio o se entrecruzan las técnicas, lo que hace que muchas veces sea difícil encuadrarlos. La calidad artística de los envíos a este certamen, que provienen de todo el país, lleva a largas discusiones de los jurados propuestos.

En el recorrido se puede observar la cartuchera gigante de Silvia Carbone, los hombres hámster de Marcia Larrubia, una colorida obra realizada en fieltro de Andrea Cavagnaro o un corazón de peluche de colores pop de Paola Michaels, pasando por una escultura de un paseador de perros de tamaño natural con cinco perros de diferentes razas de Leandro Niro y los calados sobre papel de Gloria Battistetti.

En arte textil se presentaron 209 obras, de las que se seleccionaron 63, cuatro recibieron premios y cinco se llevaron menciones. En el rubro cerámica fueron 107 las obras enviadas y 34 las seleccionadas, con cuatro premios y cuatro menciones. En grabado se anotaron 189, se seleccionaron 40, cuatro se llevaron premios y cinco menciones.

Este Salón consagratorio entregó 30 mil pesos al ganador y una pensión vitalicia a partir de los 60 años. Palais de Glace, Posadas 1725, de martes a viernes de 12 a 20 horas, y sábados y domingos de 10 a 20 horas, con entrada libre y gratuita.


Publicado en Gaceta Mercantil el 20 de Diciembre de 2011

Joaquín Torres García, el constructivismo charrúa

Joaquín Torres García fue un pintor, profesor y escritor, considerado el principal artista uruguayo del siglo XX. Es el creador de una escuela que influyó en tres generaciones de artistas.


Joaquín Torres García nació en Montevideo en 1874, y en sus comienzos como estudiante en la escuela de Bellas Artes de Barcelona sus obras respondían al estilo clásico ya que abrevaba en imágenes tomadas de esculturas griegas y romanas. Este espíritu clásico sobrevivió dentro de su estilo en la manera de dividir el espacio en las obras, respondiendo a la proporción aurea o divina. Torres García creó una superficie organizada en la que todas las partes se relacionan entre sí y con el todo.

Por influencia de Antoni Gaudí, el gran arquitecto catalán, Torres García se sumerge en el "noucentismo", un movimiento estético plástico y literario preocupado en generar un arte social y que superara la estética del modernismo y simbolismo a los que, como toda vanguardia, consideraban decadentes.

En 1926 se traslada a París y es allí donde siente haber completado su educación artística de manera definitiva.

Las líneas fueron cobrando mayor importancia en su estilo. Sus composiciones respetaban más los planos, sin dar la sensación de volumen, y sus obras comenzaron a ganar más sencillez y sólo ubica las figuras recortadas sobre un fondo.

En 1928, la visita a una exposición de arte precolombino en París despierta en Torres García una vocación por el estudio de estas civilizaciones y el material que recopila es una fuente de nuevos símbolos que pasan a integrar sus trabajos.

En 1934 emprende el regreso a su Montevideo natal junto a su mujer y sus cuatro hijos, y en la capital uruguaya lo reciben como a una auténtica estrella. Al llegar fundó la Asociación de Arte Constructivo y su taller, "La Escuela del Sur", pero el artista nunca imaginó que tendría una influencia decisiva en tantos artistas en Latinoamérica.

Después de cumplir 50 años, Torres García alcanzó su estilo definitivo, el constructivismo, con su particularidad de ver y hacer arte realizando una síntesis de las vanguardias por las que transitó en Europa junto con el estudio de culturas prehispánicas.

A comienzos del siglo XX, Torres García comenzó a escribir y a hacerse preguntas sobre el mundo del arte, y durante toda su vida seguiría realizándoselas. Sus enseñanzas a través de conferencias y libros dejó plasmadas muchas de las premisas que tomaron quienes lo siguieron. Su búsqueda en las culturas precoloniales estaba dirigida a encontrar un nexo en las tradiciones artísticas de América del Sur.

Torres García creía que a lo abstracto debería corresponderle una forma de expresión gráfica, como un signo, y descubre en la cuadricula la forma de construir un muro y en cada compartimiento ubica un diseño. Tiene diferencias entre lo que propone artísticamente Piet Mondrian, aunque coinciden en escribir en la misma época ensayos sobre el mismo tema. Mientras el artista sudamericano publica el artículo "Origen y desarrollo del cubismo", Mondrian presenta "El arte abstracto puro". La coincidencia entre ambos es el uso de la geometría.

Torres García propone la representación de toda la creación y el microcosmos del orden universal. "Esto se encuentra en orden geométrico, pasando de las formas puras a formas de vida, y, a continuación, simbólicamente, en un esquema geométrico, encontramos el mundo y el hombre", afirma.

En su taller, "La Escuela del Sur", Torres García animó a sus alumnos a "ser primitivos y trabajar en lo elemental". Y aquí primitivo no significa prehistórico, sino más bien alguien que está al principio de un ciclo artístico.

El artista comenzó con un grupo de más de treinta pintores que trabajaban y mostraban sus obras juntos, tal como lo hacían en París en 1930 con "Circle et Carré", un grupo del cual Torres García fue parte junto con Marcel Suphor, Mondrián y otros.

En su taller Torres García enseñó dibujo y pintura independientemente de la Academia Europea tradicional, con un enfoque modernista, por lo tanto desarrolló nuevos métodos de enseñanza. La dinámica de esta interacción con sus estudiantes enriqueció su propia obra, así como su ideología, por lo que produjo en consecuencia muchas conferencias, libros y artículos.

Después de su muerte, en 1949, el estudio siguió abierto hasta 1967. La "Escuela del Sur" es su mayor obra maestra, la que continúa su influencia hasta la actualidad con un enorme legado para los jóvenes artistas de nuestro continente.

Nota publicada el 26 de Diciembre de 2011

Diego Rivera vs. J.D. Rockefeller

El muralista mexicano y el financista neoyorquino mantuvieron un conflicto famoso a comienzos de los '30. En medio de una nueva crisis financiera global, una exposición reivindica la "indignación" en la Gran Manzana.

Sin duda, si en el momento en que Diego Rivera estaba en Nueva York hubieran explotado las manifestaciones contra Wall Street (motivos no faltaban ya que estaban en pleno coletazo del crack del '29) sabríamos con quienes estaría, como también a quien apoyaría John David Rockefeller.

El Rockefeller Center fue escenario involuntario, allá por los años '30, de una sonada controversia entre el magnate financiero John David Rockefeller y el muralista mexicano Diego Rivera.

El RC es un complejo de 19 edificios comerciales que ocupa noventa mil metros cuadrados en pleno centro de Manhattan. De estilo Art Decó, incluye el teatro Radio City, una pista de patinaje sobre hielo y un abeto donde todos los años se monta un árbol de navidad gigantesco que es visitado por miles de turistas.

J.D. Rockefeller, el por entonces dueño del complejo, pensó que el imponente vestíbulo del edificio central podría albergar un mural no sólo decorativo sino que a los visitantes los ayudara a reflexionar. El tema que propuso era las "nuevas fronteras" y quería que estuvieran representados los acontecimientos sociales más relevantes de la época.

Por la importancia de la obra invitó a dos artistas mundialmente consagrados, Pablo Picasso y Henri Matisse, pero ambos rechazaron el convite.

Abigail "Abby" Aldrich Rockefeller conoció a Diego Rivera mientras realizaba cinco murales móviles en el Museum ol Modern Art (MoMA), del que ella era la cofundadora, y que fueron exhibidos con éxito de público entre diciembre del 1931 y febrero de 1932. "Abby" sabía de la capacidad artística del artista mexicano pero también del fervor que había provocado en los visitantes y con estos argumentos convenció a su hijo J.D. para que convocara a Rivera con el fin de dar vida al mural, con su colorido estilo. Pero la señora pasó por alto que la afiliación y militancia del artista en el Partido Comunista mexicano estaba siempre plasmada en sus obras, en favor de los trabajadores. Se hubiera ahorrado un dolor de cabeza, de hecho Rivera realizó los cinco murales comprometidos al museo y agregó otros tres más en los que retrató a la clase trabajadora urbana y también la profundización de las divisiones entre las clases después del crack del '30. Entre los murales se encuentra un famoso retrato del líder revolucionario Emiliano Zapata al frente de la revuelta agraria.

Rivera aceptó la propuesta de Rockefeller y en 1933 comenzó el mural. Las imágenes que pensó representaban la lucha de clases, y los avances en la industria y en las ciencias en un siglo XX repleto de cambios vertiginosos. Que Rivera incluyera dentro del mural una manifestación del 1º de Mayo con banderas rojas y un retrato de Vladimir I. Lenin, no tendría que haber sido una sorpresa. De hecho estaban en los bocetos que habían sido aprobados por "Abby".

J.D. Rockefeller tuvo un gran disgusto cuando fue a visitar la obra sobre la que trabajaba Rivera. Al principió el millonario le pidió que reemplazara a Lenin por alguien desconocido y el artista mexicano le ofreció, para contrarrestar el peso del líder soviético, representar en el mural a Abraham Lincoln. Ninguno de los dos cedió y no pudieron llegar a un acuerdo. Rivera volvió a México sin terminar el mural, que durante un año fue tapado y que, finalmente, fue destruido. Rivera protestó por lo que consideró era un atropello y acusó al millonario neoyorquino de hacerlo víctima de "vandalismo cultural".

Uno de sus asistentes, Lucienne Bloch, había fotografiado el mural y este material se usó como referencia para realizar otro, aunque en una escala menor, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. En ese están Lenin, y también León Trostky, Karl Marx y del mismo Rockefeller dentro en una disco. El mural que en Nueva York se llamó "El hombre en el cruce de caminos" en México fue rebautizado como "El hombre controlador del Universo".

En el lugar del mural de Rivera en el Rockefeller Center hay uno que tiene a Abraham Lincoln como protagonista.

La controversia duró semanas, alimentada por la prensa que vio en el mural un enfoque propagandístico de Rivera en contra del capitalismo. También hubo una defensa por la libertad artística por parte de los admiradores de Rivera y recibió apoyo de los liberales que defendían a ultranza la libertad de expresión, que consideraron al hecho un acto de censura.

Como homenaje a los 125 años del nacimiento de Diego Rivera, desde el pasado noviembre el MoMA exhibe aquellos murales mostrados en 1931 junto a bocetos y maquetas, e incluye los bocetos del mural para el Rockefeller Center.

Después de otra profunda crisis económica que sacudió a Estados Unidos, por muchos comparada con la del '29, y que llevó a miles de jóvenes "indignados" a ocupar la zona de Wall Street para protestar contra el capitalismo, nadie duda de con quién estaría hoy el muralista mexicano. Y con quién el financista estadounidense.

Publicado en www.gacetamercantil.com el 12 de Diciembre de 2011