jueves, 8 de octubre de 2009

La foto más famosa del Che





La fecha: el 5 de marzo de 1960,Alberto Díaz (*Korda) estaba cubriendo como foto-reportero de revolución cubana, la despedida del duelo de las víctimas del sabotaje, perpetrado por la CIA, al barco francés Le Couvre —dinamitado en el puerto habanero—, y metido entre la muchedumbre paneaba con su cámara, de izquierda a derecha, el entarimado donde se emplazó la tribuna desde donde habló Fidel, también estaban Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. De pronto, el Che avanzó hacia la primera fila para mirar la escena. Korda alcanzó a hacer uno, dos o tal vez tres disparos seguidos; un minuto, minuto y medio después, volvía a perderse el Che en el fondo de la tarima. Pero ya había captado la imagen, la misma que siete años después, a la muerte del Che, el editor italiano Feltrinelli (utilizando precisamente esa foto que le regalara en ese mismo 1967 el propio Korda a su paso por Cuba) la imprime en un cartel de un metro por 70 cm. Se dice que vendió un millón de ejemplares en seis meses. La foto de Korda se convierte en mito y nunca cobró un centavo por dicha fotografía.
• En la década del 50, junto a otro fotógrafo, Alberto Díaz crea un estudio, y es ahí donde surge el nombre Korda. “Cierto que tenía admiración por los cineastas húngaros Zoltan y Alexandr Korda, pero lo pensé por la afinidad fonética con Kodak, entonces la más reconocida marca”, dijo Díaz.

Juan López Martínez hace “Otras escrituras”


Nota publicada el jueves 8 de octubre de 2009 en www.minutouno.com
Esta muestra reúne pintura, arte digital y video-animación. López Martínez estudió Letras y Antropología, y realizó prolongados viajes de estudios por Bolivia y Perú en los que comenzó su especialización en tejidos andinos. Entre 1996 y 2002 integró los equipos técnicos del Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti” de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde trabajó en el área de Textiles Arqueológicos Andinos.
En sus trabajos López Martínez hermana dos ideas: por un lado la decodificación de los símbolos que aparecen en los textiles Wari, cultura precolombina que abarcó desde el 500 al 1200, aproximadamente, ocupando parte de la costa peruana y gran parte de la Puna. Se trató de un pueblo belicoso pero con una fuerte inclinación artística, y si bien no tenían una escritura formal utilizaban una serie de símbolos sofisticados que volcaban en sus textiles. El artista toma estos símbolos, los geometriza y los enfrenta con un movimiento artístico del siglo XX como es el arte concreto, en particular con una mirada sobre la obra de Raúl Lozza. El resultado es una obra de una contemporaneidad atractiva y sorprendente.
Con una paleta acotada de colores, respetando los propuestos desde los tejidos, López Martínez lleva las obras a distintos soportes como pintura, fotografía digital y una video-animación que vale la pena sentarse a ver.
López Martínez vincula la antigua tecnología textil con otra de nuestro tiempo como es el lenguaje informático, también la urdimbre de hilos con la precisión de los pixeles que conforman una imagen y la tela vista como una pantalla digital, donde se vuelcan los íconos. En la cultura Wari había un concepto de distorsión sistemático de las imágenes dependiendo donde se ubican dentro de la tela, si estaban cerca de la costura del centro o del borde, y estos límites se comportan como un campo magnético que atrae para sí los diseños dentro de la tela. Hacia los bordes se comprimen, hacia el centro se expanden.
La cultura Wari vuelca su historia con sencillez y belleza en un sistema de escritura a través de íconos que podrían ser la envidia de más de un diseñador. El artista rescata, traduce y decodifica una parte de esa cultura históricamente desmerecida por una visión colonialista. Hasta el 11 de octubre en el Museo Sívori, Infanta Isabel 555. De martes a viernes de 12 a 20 horas. Sábados, domingos y feriados de 10 a 20.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Esteban Rivero presenta "Ciencia Loca"



Publicado el miércoles 30 de octubre de 2009 en www.minutouno.com

Superhéroes vs. villanos crean una “Ciencia Loca”

Esteban Rivero presenta “Ciencia Loca”, una muestra con sus nuevos trabajos sobre superhéroes con la estética típica de la historieta llevada a telas en donde serigrafías y pinturas su unen para dar vida a coloridas obras.
Desde el fondo de los tiempos se ha fantaseado con la presencia de seres con poderes diferentes a los humanos. Los griegos fueron maestros a la hora de imaginar cómo dioses y semidioses eran capaces de inmiscuirse en la vida de los hombres comunes y hacer que ésta cambie de rumbo según su humor, a veces ayudando, otras entorpeciendo sus existencias.
Ya en tiempos más cercanos la presencia de aquellos dioses griegos tomó la forma de héroes con su contrapartida indispensable de villanos. Los primeros para impartir justicia, los segundos tratando de apoderarse del mundo (nunca se andan con chiquitas).
Fiel seguidor de esta tradición, Esteban Rivero se inventa una serie de personajes. Entre los villanos se destaca el Dr. Kirby, quien es capaz de manipular genéticamente a las personas y llevarlas a dos dimensiones, con lo cual son transformadas en cuadros, y así apunta a gobernar al mundo. Pero este científico loco no está sólo: es alentado por una coleccionista que disfruta en su mansión de la maléfica obra.
En esta muestra se presentan pinturas y objetos, y hasta hay lugar para parodiar el merchandising típico de las casa de historietas con héroes transformados en muñequitos que desde sus cajitas esperan salir para vivir en un mundo real.
Por ahora vienen ganando los villanos, por lo que se esperan más luchas de los superhéroes. Aunque es bueno que en este pequeño mundo de Rivero ganen los malos, así transforman a más superhéroes en estas fantásticas obras.
De lunes a sábado, 16 a 20 horas en Pabellón 4, Uriarte 1332, hasta el 7 de noviembre.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Vermeer: del cuadro “Chica con aro de perla”, al libro y luego al cine


Es curioso como una obra de arte, como el cuadro "Chica con aro de perla", puede ser el punto de partida para una historia. Esto fue lo que ocurrió cuando Tracy Chevalier comenzó a dar vida a Griet, una joven de 16 años que en su novela trabajó en la casa del pintor holandés Johannes Vermeer. La escritora realizó una exhaustiva investigación de la vida del pintor y de la sociedad de Delft, pequeña ciudad holandesa donde nació y vivió Vermeer.
Griet, para Chevalier, fue una sirvienta que posó para el artista, quien para darle una visión más distinguida la adornó con los aros de su esposa. Cuando Vermeer muere, le deja a Griet aquellos aros para pagar parte de la deuda que el artista tenía con el carnicero, que era el marido de la mucama.

El libro de Chevalier llega a manos de Peter Webber, quien decide transformarlo en una película, la que fue filmada en 2003. El film narra el tranquilo y casi silencioso conflicto entre las religiones calvinista (sirvienta) y católica (los Vermeer). Para recrear la atmósfera se basaron en toda la obra del pintor generando con estas imágenes la escenografía y el vestuario. Prácticamente, cada secuencia es un cuadro original de Vermeer.

De hecho este melodrama incluye, efectivamente, un comentario sobre la lucha de clases, sobre la colisión de religiones, además de recrear intensamente un tiempo perdido.

El caso del cuadro “Chica…” abre, entonces, un fructífero e inesperado diálogo entre tres disciplinas distintas que se enriquecen mutuamente.

Johannes Vermeer nació el 31 de octubre de 1632 y murió el 15 de diciembre de 1675. Es uno de los pintores holandeses más conocidos del período barroco. Vivió durante la llamada “Edad de Oro” holandesa, en la cual su país experimentó un extraordinario florecimiento político, económico y cultural.

La mayoría de las representaciones de mujeres en los cuadros de Vermeer están relacionadas con una narrativa en la que instrumentos musicales u objetos del hogar influyen en la percepción de la acción. Sólo tres cuadros se desvían de forma importante de esta tónica y se pueden denominar retratos: "Muchacha leyendo una carta", "Dama virginal" y "Muchacha con turbante" o "Chica con aro de perla".

La obra completa de Vermeer es muy reducida, solamente unos 35 cuadros. Pintó otras obras, hoy perdidas, de las que se tiene conocimiento por antiguas actas de subastas. Sus primeras obras fueron de tipo histórico, pero alcanzó la fama gracias a su pintura costumbrista, que forma la mayor parte de su producción. Sus cuadros más conocidos son "Vista de Delft" y "Chica con aro de perla".


En vida fue un pintor de éxito moderado. No tuvo una vida desahogada, quizá debido al escaso número de pinturas que produjo, y a su muerte dejó deudas a su esposa y once hijos.

Prácticamente olvidado durante dos siglos, a partir de mediados del siglo XIX la pintura de Vermeer tuvo un amplio reconocimiento. William Thoré-Bürger contribuyó a la consagración de Vermeer con unos artículos periodísticos muy elogiosos. Actualmente está considerado uno de los más grandes pintores de Holanda y es particularmente reconocido por su maestría en el uso y tratamiento de la luz.

La fama de “Chica…” se debe sobre todo a su recepción actual y a que la obra fue la imagen elegida para representar una exitosa exposición en el Mauritshuis, en La Haya, en los años 1995 y 1996. La identidad de la retratada, en realidad, es desconocida. El fondo oscuro refuerza la claridad de la muchacha, sobre todo la de su piel. La modelo interactúa con el observador al mirarlo directamente y abrir ligeramente la boca, lo que en la pintura holandesa a menudo indica una conversación con el observador. También se conoce esta obra como La Gioconda del Norte.

El turbante, con el paño amarillo cayendo hacia atrás, es una señal del interés que despertó en la época la cultura oriental, como consecuencia de las guerras contra el Imperio Otomano. Así, los turbantes pasaron a ser un complemento muy apreciado y extendido en la Europa del siglo XVII. Se destaca la presencia del aro de perla en la oreja, que brilla en la zona de sombra del cuello.
Una vuelta de tuerca a esta historia. El famoso cuadro terminaría ocupando un lugar en un capítulo de la irreverente serie de dibujos animados de "Los Simpson". La línea original del boceto de Vermeer terminó en la pantalla de la PC del dibujante y guinista Matt Groenig.

sábado, 26 de septiembre de 2009

98º Salón Nacional de Artes Visuales 2009


Publicado viernes 25 de septiembre de 2009 en www.minutouno.com

Más de 1.800 artistas presentaron sus obras en las ocho categorías del tradicional concurso.
Sesenta y cuatro recibieron premios y menciones.

Con gran concurrencia de público abrió sus puertas en el Palais de Glace al 98ª Salón Nacional de Artes Visuales, el concurso más importante de artes plásticas de la Argentina.

Concebido en los albores de siglo pasado como una forma de estimular y acercar a los artistas con el público, para esta edición del premio participaron más de 1.800 artistas de los cuales se seleccionaron 416 y 64 recibieron premios y menciones.

El Salón divide a la actividad de los artistas en ocho categorías: arte cerámico, arte textil, dibujo, escultura, fotografía, grabado, nuevos soportes e instalaciones y pintura.

El Salón se realiza anualmente desde 1911, y desde 1932 tiene su sede en el Palais de Glace. Los jurados que intervienen en cada una de las disciplinas están integrados por reconocidos artistas y críticos, y las obras premiadas con carácter de adquisición se suman al patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Esta 98º edición comienza con la exhibición de todas las obras que fueran premiadas y mencionadas en todas las categorías del certamen y las obras de Pintura seleccionadas por el jurado.

De cara al Bicentenario, el Salón Nacional “es una de las piezas fundamentales del Estado en la promoción de la producción artística a lo largo de todo el país", concluyó Smoje.

Las categorías Fotografía y Nuevos Soportes e Instalaciones, son dos de las disciplinas más dinámicas en los últimos años del Salón Nacional con el constante crecimiento de la participación de artistas en ambas categorías y la marcada tendencia a la investigación en soportes digitales.

Los premios fueron para Dora Isdatne en arte cerámico; Susana Dragotta, aen rte textil, Pablo Paez Riva, en dibujo; Oscar José Stáffora, en escultura; Adriana Lestido, en fotografía; Rodolfo Cavilla, en grabado; Lisa Giménez, en nuevos soportes e instalaciones y Jorge Horacio Pirozzi, en pintura.

Se trata de una excelente oportunidad para conocer a muchos grandes artistas de nuestro país. Para visitar con tiempo que hay muchas y muy buenas obras.

Los trabajos se expondrán hasta el 18 de octubre en el Palais de Glace, en Posadas 1725.